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En una cama bajo la sábana blanca, Revista Letralia

En una cama bajo la sabana blanca

En una cama bajo la sabana blanca

En una cama bajo la sábana blanca, Revista Letralia

(Venezuela, 2008)

“Creían que yo era surrealista, pero no era así. Nunca pinté sueños, pinté mi propia realidad”. Blandiendo como epígrafe esta cita de la artista mexicana Frida Kahlo se inicia Într-un pat sub cearşaful alb (En una cama bajo la sábana blanca), de Andra Rotaru (Bucarest, 1980), un recorrido poético por la obra y la dimensión humana de quien fuera una de las más importantes artistas contemporáneas, a la par de una de las personalidades más singulares de la historia americana reciente.

Calificado por su autora como un poemario experimental, En una cama bajo la sábana blanca es un intento de Rotaru —una poeta joven pero con una sólida carrera, reconocida por el suplemento cultural de la revista 22 como una de las más sobresalientes de su país— por interpretar las pulsiones existenciales que caracterizaron la vorágine de Frida, y que marcaron con vehemencia su trabajo artístico.

Pese al profundo abismo cultural entre México y Rumania, la poeta ha podido maniobrar con eficacia a través de la simbología de la artista. Así, el libro es un homenaje y a la vez una exploración por los temas icónicos de Frida Kahlo: la muerte, la mutilación del cuerpo, la expresión de sentimientos a través de la exposición de los órganos, la sexualidad desinhibida que trasciende los géneros.

A través de Rotaru, Frida reconoce la coyuntura accidental en que su vida se convirtió en una guerra a muerte contra la muerte: “he recibido un apodo / al poco tiempo de nacer / en una encrucijada que / me ha deformado”. Luce orgullosa su feminidad, suficiente indicio de belleza para una mujer que aprecia su espalda deformada como una expresión de singularidad: “soy fácil de reconocer / soy una belleza viva en colores / una atracción por la calle”.

Andra Rotaru

Andra Rotaru

Como en uno de los descarnados cuadros de Frida, el lector de En una cama bajo la sábana blanca asistirá con frecuencia a la descripción del horror: “el placer es ligero / he tenido / amigos igual de jóvenes que yo / / caminábamos, / alrededor se reunían ecos y sonidos / / soy fotografiada en el momento del accidente. columna vertebral / se me sale. se extiende al lado de los demás”. Rotaru, con la voz de Frida, convierte sus múltiples visitas al quirófano en un “baile de máscaras” en el que participan “doctores, cuchillos / recortes en lencería oxidada / la cual erosiona el hueso / / me beso en la boca con los carniceros / los cuales cercenan las flaquezas en una mesa gigante / tan grande como el mundo”.

También se ocupa Rotaru del deseo persistente de Frida de arribar a la maternidad: “intento hacer un niño gigante / que me llene el vientre / que esté vivo, entre los muros de adentro de la pelvis”. O de su mítica relación con Diego Rivera: “habito en un nido azul / mi marido / se ha arreglado uno grande / en el cual yo entro raramente / / somos una pareja nómada / un topo que escarba continuamente / en un medio nuevo en el cual / me expreso / violento”.

“La experiencia del suprarrealismo congénere de Frida Kahlo”, nos ha escrito Rotaru al describirnos su libro por correo electrónico, “me ha abierto un puente hacia elementos culturales nuevos, en las cuales el poder artístico de mi imaginación ha encontrado una correlación en la obra de esta artista, en el espacio enriquecido con símbolos, paletas coloristas y la vivacidad del espíritu mexicano”.

Psicóloga graduada en la Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitatea Bucureşti, y con estudios en la Academia de Artes Plásticas Luceafărul y en el Colegio de Artes Plásticas Nicolae Tonitza, Rotaru ha publicado poemas y artículos en las antologías Literatură potenţială 01 (Vinea, 2005) y Colocviile tinerilor scriitori, de la Unión de Escritores de Rumania (Brumar, 2006), así como en revistas literarias de su país y de España como Timpul, Versus/m, Dacia literară, Hyperion, Convorbiri literare, Cronica, Tribuna, Ziua literară, Tomis, Vatra, Euphorion y otras.

Con este libro, Rotaru ha recibido hasta ahora cuatro de las distinciones más importantes para autores jóvenes en su país: el premio de la Unión de Escritores de Sibiu, los premios nacionales Mihai Eminescu y Tudor Arghezi, y el premio de la Asociación de Escritores de Bucarest, todos galardones en los que participan óperas primas. Además fue nominada a los premios de la Unión de Escritores de Rumania en el mismo rubro. (Revista Letralia, Venezuela 2008)

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Homenaje poetico a Frida Khalo, Revista Niram ART

Revista Niram Art

Revista Niram Art

Homenaje poetico a Frida Khalo

Revista Niram ART nr. 13-14 (Begoña Fernández Cabaleiro, 2008)

La joven escritora rumana Andra Rotaru presentaba su libro “En una cama bajo la sábana blanca” en el Instituto Cultural Rumano de Madrid el 11 de noviembre de 2008. Lectura poética, traducción en palabras de la obra de la pintora mexicana. No vamos a hacer una valoración literaria de la obra de la escritora pero sí puede darnos pie para analizar esas claves agridulces de la vida de un artista que permiten que su vida se traduzca en arte y que, de nuevo, campos diferentes del arte como son la pintura y la poesía se encuentren de nuevo.

En este breve análisis quiero cometer dos osadías a la hora de hablar del arte y de la vida en nuestro tiempo, el atrevimiento de hablar del dolor y de la belleza y de unir ambos conceptos: ¿Hay belleza en el dolor?
Frida Kahlo nació en México en 1907 (o en 1910, como decía ella para vincular más su vida a la revolución mexicana) y muere en 1954. Se habló de su posible vinculación al surrealismo. El mismo André Bretón, padre del movimiento señaló este posible parentesco estético, pero, en realidad, como ella misma dijo, “creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad” y apoyaba la vinculación de su obra a la realidad, a su íntima realidad que, como en todos, podía tener su baño de surrealidad:

“Como mis temas han sido siempre mis sensaciones, mis estados de ánimo y las reacciones profundas que la vida ha producido en mí, yo lo he llevado objetivamente y plasmado en las figuras que hago de mí misma, que es lo más sincero y real que he podido hacer para expresar lo que yo he sentido dentro y fuera de mí misma”.
Frida fue, efectivamente, una artista que se pinta a sí misma, pintura cargada de símbolos étnicos, indigenistas. La etnia de sus orígenes en diálogo con el mundo occidental.

Su vida -y su obra- estuvo presidida por tres ejes de dolor: enfermedad, el amor tormentoso por Diego Rivera y sus no realizados deseos de maternidad. Paralelamente el equivalente en sentimientos humanos sería, dolor, soledad y “no vida” que deriva en su prematura muerte precedida de intentos de suicidio.

Ante su persona cabe plantearse una reflexión infrecuente en arte, ¿Cuál es el valor del dolor en la vida humana? ¿Qué aporta el dolor a la vida y obra de un artista? ¿Habría sido Frida la misma artista sin el dolor que acompañó constantemente su vida? Analicemos en su obra sus tres ejes de dolor.

Los deseos frustrados de maternidad.

…reconozco la imposibilidad de llevar en mis entrañas
La sexualidad y la emoción

Soy una célula estéril,
Parte de un mecanismo
Que funciona con los tendones vacíos

En su obra, a través de sus propios hechos biográficos, Frida libera sus deseos imposibles de ser madre en el dolor de su propio nacimiento, el dolor que ella nunca viviría para dar vida a otro. Su árbol genealógico nunca tendría continuidad a través de su propio ser. El seno de su madre llevaba el feto de la vida que daría, y, bajo esta imagen el óvulo fecundado por el espermatozoide, puntos de origen de todo un tronco familiar. La figura de Frida es el cuerpo de una niña, anclada en su casa azul, en la tierra mexicana, siempre púber, siempre niña, siempre cuerpo inmaduro para dar vida a otros.
Once meses después de su nacimiento vino al mundo Cristina. Frida no tuvo tiempo de disfrutar de ser la menor. La confiaron a una nana india que olía a tortillas y a jabón, que no hablaba mucho pero solía cantar canciones. También en esta obra autobiográfica Frida refleja su perenne sentimiento de infantilidad al no ser ella misma tampoco fuente de vida, de leche que alimenta a otros con la riqueza con que ella fue alimentada. Su cuerpo infantil unido a su rostro adulto recoge a esa imagen de ella misma, mujer adulta con cuerpo siempre inmaduro para la maternidad, cuerpo que fue amamantado y puede serlo siempre porque nunca será capaz de criar a otro ser.

La enfermedad

La enfermedad reflejada en el poema

“Desintegraciones”

En una silla de ruedas suspendo mis pensamientos,
los hago girar con llaves de hierro
que clavo en mi cuerpo para poder funcionar

Es un carnaval de máscaras con doctores y cuchillos,
recortes en lencería oxidada
que erosionan el hueso(…)

La vida atónita entre sábanas
es mímica
diaria…

Es el dolor de presencia constante en la vida de Frida. El feto que nunca se alojó en su seno, en el aire. La pelvis vacía, seca. Al lado, el árbol de la esperanza que, junto a las cicatrices y la cama del dolor, siempre estuvo presente en el temperamento vital y luchador de la mujer y la artista.

Diego Rivera, el tercer dolor

“Sufrí dos graves accidentes en mi vida… uno en el que un tranvía me arrolló. El segundo fue Diego…”

Tengo alas de mariposa
Y un color adecuado

Tú me miras como yo deseo

PD: me ofrezco con todo el amor

La equivocada relación tormentosa con un artista temperamental que llegó a serle infiel incluso con la hermana de Frida y la misma infidelidad de Frida con parejas de ambos sexos. Diego fue quizás la puerta de contacto con figuras como Bretón que abrieron las posibilidades del éxito artístico en unos tiempos en que éste no era fácil para una mujer. Pero el precio afectivo fue doloroso y nunca llenó sus no realizados deseos de maternidad. Su Autorretrato con mono (1938) en versión completa presenta ya a esa Frida sentimentalmente herida. El mono, regalo de Diego, es símbolo demoníaco. El collar indígena alrededor de su cuello aparece como una soga. O collar de espinas en otro caso así como el colibrí sobre su pecho- símbolo de vida e ilusión en la cultura mexicana- muerto ahora y adoptando la misma forma de las cejas unidas de Frida.

Las dos Fridas es imagen simbólica de la Frida mexicana y la Frida occidentalizada, la una frente a la otra, compartiendo sus corazones, pero que rompen su vena mutua sobre la Frida vestida a la europea. Muestra la importancia que tenían para ella sus raíces mexicanas. Introducida con intensidad en este mundo indígena de su propia cultura por Diego Rivera en los mejores momentos de su relación, el corazón se rompe, la vida se extingue por la vena cortada sobre su traje occidental. El viaje de Diego a Estados Unidos, la separación de la pareja en esos momentos, el contacto de Frida con el arte y la vida de la cultura occidental rompen también de algún modo la relación de ambos.
Columna rota es metáfora, no solo de la mujer con los huesos quebrados por un duro accidente, sino también el cuerpo plagado de clavos y la vida rota por su separación y divorcio de Diego Rivera. La estructura humana de la persona se quiebra al romperse además el amor que estructura su propia vida.

Conclusión: Muerte o suicidio

“Espero alegre la salida y espero no volver jamás.”

DESINTEGRACIONES
Tengo una relación íntima con el último soplo de la vida.
El último hombre me deshace
como a un reloj.
Dejo mi vida en un carrusel
que se cierra desde dentro .

Por este camino de arte y dolor ante el que una mujer de carácter enérgico y apasionado lucha hasta romperse, podemos pensar, ¿Qué hay de artístico? ¿Qué de belleza?
Frida-Andra Rotaru: de nuevo el diálogo entre las artes. ¿Qué busca el artista al crear? ¿Qué buscamos cuando nos sumergimos en las obras de arte que contemplamos? ¿Es la búsqueda de la belleza? ¿Qué belleza deseamos los hombres en la vida? Y, ¿Qué belleza no encontramos en la vida para acabar buscando en ámbitos concretos que, como el arte, parecen especialmente destinados a crearla?

Al contemplar la obra de arte, al dialogar con la imagen de lo contemplado -porque sólo así se puede recibir el arte- esos momentos de catarsis liberadora de las luchas y contradicciones internas del artista se convierten en eco de las nuestras propias.

En el arte, el público desea encontrar expresado aquello que otro tiene capacidad de decir plásticamente, poéticamente que él no posee. No. No se busca la belleza de cánones ideales porque el interior del hombre no es una medida de canon ideal. Es la belleza de lo más sublime y lo más oscuro, lo más elevado y lo más vil que cabe en el interior del sentir y vivir. Es el hombre en definitiva. Frida habló pintando. Andra Rotaru pinta a Frida con poesía. (Begoña Fernández Cabaleiro, 2008)

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El Sugestivo Decir de Andra Rotaru, Publicaciones del Sur

En una cama bajo la sábana blanca

En una cama bajo la sábana blanca

El Sugestivo Decir de Andra Rotaru, Publicaciones del Sur (Jorge De Arco, septembrie 2008)

La aparición de “En una cama bajo la sábana blanca” de Andra Rotaru (Basarai. Vitoria, 2008), nos acerca una atractiva muestra de la joven poesía rumana actual. Publicado originalmente en 2005, este libro obtuvo el Premio Nacional M.Eminescu a la mejor ópera prima, y el premio de la Asociación de Escritores de Bucarest en 2006.
El poemario “es una falsa confesión lírica de Frida Kahlo (…) y los poemas hablan de una doble repercusión. Primero en la cama de la habitación, y después, en el propio cuerpo”, aclara en su prefacio Marius Chivu.

En efecto, la identificación de Andra Rotaru con el proceso de sufrimiento de la pintora mexicana cautiva desde el poema que sirve como pórtico: “soy una mestiza con uvas/ desvanecida en cuadros pintados/ en un espacio vegetal (…) mi mundo es/ un globo en el cual me ahogo/ con toda la gente”. La mayor parte de los textos está narrada a través de una imaginería gráfica que expresan el dolor y la desintegración de un cuerpo deseante, pero incapaz ya de responder a los estimulos: “Sobre mi cabeza las larvas esconden su feminidad,/ aunque tengo alas tendidas como mariposas/ me esfuerzo para no retorcerme”.
La poetisa rumana, con un decir pulcro y sugestivo, ha conseguido, en suma, dotar a su verso de elementos reales y surreales, sentidos y soñados, acercándose aún más al doliente pincel con el que Frida Kahlo retratase su exacta verdad: “Tengo un corsé de acero en el que guardo mis temores/ tengo un ángel con un cuerpo crucificado sobre columnas/ en las que clavo mis uñas como si fueran carne joven”. (Jorge De Arco, septembrie 2008)

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«Collage» de tiempos pintados, Revista ABC

En una cama bajo la sábana blanca

En una cama bajo la sábana blanca

«Collage» de tiempos pintados, Revista ABC

(Jaime Siles, 22.11.2008)

La base de la lírica no es tanto el lenguaje como la persona poemática. Esquilo lo supo muy pronto, como lo demuestra el monólogo del guardián con que su Agamenón se inicia. Plauto y Catulo, también; Ovidio le añadió una representación icónica casi cinematográfica; los trovadores le dieron una coloratura más moderna; Browning, una modulación casi actual, que recogieron -cada cual, a su modo- Pound, Pessoa, Cavafis, Cernuda y Borges, que son quienes más avanzaron en la investigación de la persona poemática, que Yeats había trabajado en lo que tiene de lirismo dramático y que Jaime Gil de Biedma convirtió en drama de la identidad.

Andra Rotaru (Bucarest, 1980) utiliza la figura de la mexicana Frida Kahlo como máscara para decir -o hacer decir- cosas que tal vez no se atrevería a -o no podría- decir de otro modo. La voz que habla en los poemas es la de Frida Kahlo -o mejor: la de la mímesis de la pintora Frida Kahlo, que tampoco es la misma que la de la realidad sino una ficción de ella en el sentido que la Poética de Aristóteles le daba, y en cuya boca pone declaraciones como ésta: «Soy una mestiza con uvas / desvanecidas en cuadros pintados / en un espacio vegetal».

El primer poema, titulado «Genealogías», adelanta la clave de lectura; «Apodos», el segundo, describe su método, que el resto del libro no hace sino desarrollar dentro de un espejo en el que la visión y lo visto se deforman como la historia en el discurso fragmentado, pero no interrumpido, que la narra.

Tormentosa personalidad. Una realidad, más onírica que suprarreal, conforma la geografía interna de este libro, en el que la materia analizada no es el mundo sino una compleja, tormentosa y atormentada personalidad, que funciona como correlato objetivo y a la vez como yo analógico. Todo ello, rodeado por un clima de ensoñación que recuerda el de la pintura metafísica de maniquíes articulados de Giorgio de Chirico y la fotografía de tiendas y objetos de ortopedia de Herbert List.

Expresionistamente visionaria, la poesía de Andra Rotaru analiza -como la pintura de Frida Kahlo- más la conciencia que la realidad, o la realidad en lo que ésta tiene de conciencia, que es lo que hace que la imagen se convierta en visión: visión -hay que aclarar- distinta del sentido y, por ello, visión otra de la realidad. Conciencia, pues, como paisaje que tematiza «el lugar de la desgracia» y que el poema titulado «Yesos de flores» explica en su totalidad.

La belleza del feísmo informa la poética de esta escritura que linda con algunos rasgos de Rimbaud, de Lautréamont y del surrealismo, pero con los que no se llega nunca a identificar porque -como expresa muy bien la voz de la protagonista poemática- su intento no es formular una estética sino «superar las fronteras del mundo».

Marius Chivu subraya tres ejes temáticos: «La alteración, la obsesión corporal y la feminidad alienada», derivadas de «un cuerpo sin características, transformado en una curiosidad mecanomorfa» y envuelto en una arquitectura de metal, que traduce todo en manchas de linfa e impresiones y que está abierto al amplio abanico de la sexualidad, que aquí es una alusión constante que no difumina ni oculta sus referentes.

El carácter orgánico -y acaso demasiado mecánico del libro- experimenta una significativa y lograda variación en «El suicidio de Dorothy Hale», en el que el exterior urbano y el interior del personaje que presta su voz poemática convergen en una adecuación tonal y lingüísticamente muy perfecta, a la que el habla proporciona tanta verosimilitud como singularidad: «A los 33 años ya no hay más tiempo para conquistas rápidas».

Cargas de profundidad. «Todos los lunáticos» -que participa de un clima similar al que, en la versión de Eurípides, el cinismo de Jasón creaba en el alma de Medea- transforma una situación en apariencia trágica en otra, claramente cómica, por las cargas de profundidad de su ironía y su sometimiento voluntario al «juicio masculino de Dios».

Andra Rotaru ha conseguido con su primer libro lo que otros no consiguen ni con cien: despertar un justificadísimo interés entre los lectores y la crítica. ¿Por qué? Porque aquí monólogo dramático y escenografía icónica y plástica sirven de cauce a una poesía de técnica ecfrástica en la que la posible subjetividad de la perspectiva se subordina a lo objetivo de la situación. (Jaime Siles, 22.11.2008, Revista ABC, numărul 878)

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Crítica de libros, Revista 20 minutos

En una cama bajo la sábana blanca

En una cama bajo la sábana blanca

Crítica de libros, Revista 20 minutos, (Elena Medel 01.10.2008)

” La sabiduría popular no conoce límites, y un refrán («el rumano ha nacido poeta») nos allana la lectura, Drácula y Dragostea din tei aparte. Aquí Rotaru
—la autora joven más destacada de su país— recrea la vida y obra de Frida Kahlo en una excusa biográfica que crece hasta lograr un cuerpo propio, intenso y sugerente, tejido a fogonazos. Si la mexicana levantase la cabeza, remoriría de orgullo.” (Elena Medel 01.10.2008)